En el transcurso de su vida, quizá alguna vez perdió usted el sueño, sin apenas percibirlo empezó a generarse una oculta situación que marcaba el inicio de un importante problema, debido a un cúmulo de situaciones que o se estaban solucionando. Que dulce y esperado momento cuando al meterse en la cama, el cansancio físico o mental le vencía irremediablemente y usted se abandonaba al su descanso.
Sin embargo, empezó a darse cuenta de que cada vez tardaba más en sentir ese peso en los ojos que obliga a cerrarlos y al no poderse dormir, empezó a recrearse en aquellos conflictos que aparentemente no tenían mucha importancia, pero que en fondo anunciaban un grave problema en su vida. Así que decidió que sería bueno analizar y resolver esas cuestiones en ese tiempo perdido que dura el incipiente insomnio.
Así, transcurría el tiempo y cada vez eran más las horas de vigilia que las de sueño. Empezó a desear y a rogar que al llegar el momento de acostarse pudiera descansar ya que añoraba aquellos días en los que caía rendido en la cama y se quedaba dormido como un tronco. Y así, lentamente, sin darse apenas cuenta, fue perdiendo ese suave sopor que conduce al sueño; su estado de alerta no le permitía desconectar de esa concreta situación que le aturdía y que ya ocupaba un gran espacio en su día y en su noche. Cuando el interior se agita se disparan todas las alarmas para poner en actividad total a nuestros pensamientos a y todo nuestro potencial. Es difícil enfrentarse a diversas circunstancias y más cuando todas exigen una decisión común y dejarse enredar al mismo tiempo en el laberinto de los sueños, así que, las noches cada vez son tan largas que sin darse cuenta, el sueño se va…
El sueño
“Me encontré de pronto con la mirada perdida en la oscuridad de la noche de mi alcoba, sin alcanzar ni poder ver dónde estabas, en qué rincón Tú me aguardabas”
¡Oh, sueño reparador! ¿Por qué te fuiste? ¿Por qué te has adueñado de mi equilibrado caminar? Perfecta tela de araña tejen mis noches a la espera de conseguir que regreses, y como presa confiada, atraparte en mi almohada de tal forma que no lo puedas resistir.
Dulce sueño, que poco a poco, con tu arrullo, creas suave melodía y permites que me balancee sobre tus alas, y a otros lugares Tú me traslades. ¿Por qué me abandonas a esta oscura suerte donde se casan los miedos y las soledades?
Permíteme que me presente: soy Yo, esa que cada noche se sumerge entre tus sábanas, te llama y se desespera. ¿Por qué no oyes mi angustiada queja? Permíteme, querido sueño, permíteme que me acerque a ti. Tú, que eres amante y misterioso, enamorado y sensual cual cicuta en mi sentir. Tú, que eres dueño de mis días y mis noches. Tú, que permites que fluya por tu canal de luz, que eres mágico y sabio, cuéntame: ¿por qué a mi llamada no atiendes tú?
Permíteme que me presente: soy Yo, o sea, Tú. Dame licencia para que me pueda asomar en el vacío de mi noche a tu cama, en la que dormíamos los dos, para que Morfeo, Tú y Yo, podamos disfrutar de una loca noche sin fin, de la que no pueda ni quiera regresar. Permíteme, querido sueño, déjame que tenga un feliz despertar, que mi cuerpo se relaje después de tu éter haber podido respirar, que este amargo cáliz con el que me has premiado, me está arrancando la vida y la paz...
Sí, sí, soy Yo, o sea, Tú, amante aventurero, que en lugar de llegar a ti como debo, permites que cabalgue en camas desconocidas buscando el por qué y cuándo te perdí.
Oh, dulce sueño, loco y embaucador ¿por qué permites que Dante, Verdi o Vivaldi con sus letras, flautas o violines no consigan conquistarte y atraerte de nuevo a mí? Oh, dulce sueño, ¿qué droga trascendental me has dado que no consigo reemplazar tu suave seducción? Ya que en lugar de ser Tú, quien con tus tiernos y suaves arrullos o con tus dulces y locos besos de pasión seas el que consiga llevarme lejos, muy lejos, donde solos estemos Tú y Yo. Ven a mi llamada, regresa pronto. ¿Cómo es posible que no me puedas ver? Esta noche, en mi desesperada espera, llamé a Pegaso y presto, vino a mí y en su habido deseo de complacer, me subió a su grupa… nada más parecido a Ti. Cabalgué por valles y montañas, crucé ríos y mares celestiales, el Universo y yo nos fundimos en uno, respiré profundo, muy profundo... ¡mmm! la sensación era tan agradable, era perfecta, casi podía saborearse.
Pero Pegaso, el gran caballo alado, marca ya su hora de retirada… - Ya es hora de partir, hay otros como Tú y mi bella misión es estar ahí, donde el Cielo, Tú y Yo, hemos compartido esos momentos de serenidad, así que, con tu permiso… - Sí, ha sido como un sueño. Sublime y bello Pegaso, gracias.
Ya ves, querido sueño, tu ausencia me ha permitido conocerle y sentirme transportada a otra dimensión, ha sido realmente un sueño, pero no eras Tú, mi sueño. Después de noches de silencio comprendí porqué me habías abandonado. No fui buena compañera, no supe entender tu mensaje. Mi querido sueño, ya sabes que últimamente estuve muy turbada. Tú sabes que hondo conflicto interno me ahogó, ya sé que te desatendí, que fui egoísta, pero es que no te oía, sólo sentía mis dudas sólo me oía a mí…
Sí, es cierto, no alcancé a comprender, pero sé rectificar y esperar, estoy segura de que regresarás. Repite tu llamada, que ahora sí estoy atenta. Estaba, perdida, cansada... ¡y te abandoné! Querido sueño, tu personal atención requiero, desciende, ¡regresa ya! Percibo… una luz, sí, es minúscula, brilla allá… a lo lejos, ese punto de luz que como Orto me orienta. Tu mensaje no estaba escrito en las estrellas, sino en mi cabeza, y ya lo entendí. Así que… permíteme. Permite que me presente: soy Yo, o sea Tú, ¡y voy a por ti!
“Mi querido desconocido, recobrar el sueño es algo maravilloso, placentero y sensual. No use su valentía para perderlo; sea tierno, atiéndalo.... es, sin duda, su otro Yo.”